El Autismo es un trastorno generalizado del desarrollo. Esto significa que se vuelve aparente en las primeras etapas de la infancia y afecta todos los aspectos del desarrollo de un niño. La palabra Autismo se utilizó por primera vez como diagnóstico en 1943, por el Dr. Leo Kanner del Hospital John Hopkins en Maryland, EE.UU, luego de haber estudiado a 11 niños a los que diagnosticó con autismo infantil precoz. De acuerdo al Centro de Control de Enfermedades, hoy 1 de cada 150 niños de 8 años son diagnosticados con autismo en los EE.UU. El Autismo está creciendo en un promedio de 10 a 17% por año (Sociedad Americana de Autismo) y es 4 veces más predominante en varones que en mujeres.

El diagnóstico de Autismo es dado cuando existen 3 áreas específicas del desarrollo significativamente afectadas. Estas 3 áreas son conocidas como la “triada de deterioros”. Ellas son: el desarrollo social, la comunicación y comportamientos repetitivos y los intereses restringidos (Asociación Americana de Psicología y OMS, 1994). Más específicamente, personas con Autismo tienen dificultad con respecto a su habilidad para entender la perspectiva de los otros o inclusive atribuir estados mentales a otras personas (a menudo conocidos como ceguera de mente o falta de una Teoría de la mente) y pueden manifestar una falta de empatía. Los problemas de comunicación pueden ir desde la no utilización del lenguaje hasta la falta de habilidad en la fluidez, creatividad en las conversaciones. Comportamientos repetitivos (a menudo referidos com “stims”: forma particular de estereotipia repetitiva en los movimientos del cuerpo, consciente o inconsciente) pueden ser patrones de movimientos motores (fino o grueso), líneas verbales repetidas o involucrar estimulaciones sensoriales inusuales (ej.: dar vueltas, arrojar objetos u observar movimientos). Otras personas con Autismo pueden tener más intereses usuales pero tener un rango inusualmente restringido de intereses o tornarse obsesivos respecto a algunos intereses. Estas diferencias en el desarrollo tienden a convertirse en aparentes entre los 18 y 36 meses de edad.

Personas con Autismo pueden estar caracterizadas no sólo por el desafío que presentan las áreas ya citadas sino también por significativas áreas donde demuestran una gran capacidad. Muchas personas con Autismo son superiores a lo que se sabe y se ha sistematizado, esto es, “la unidad para analizar objetos, para entender la estructura y predecir su comportamiento futuro” (Baron – Cohen, 2005, pp. 110). Esto puede estar exhibido en un intenso interés por los calendarios de trenes, por ejemplo, o en casi un intuitivo sentido de cómo programar una computadora. Otros patrones cognitivos han emergido a través de investigaciones. Por ejemplo, personas con Autismo tienden a mostrar consciente sensibilidad por los detalles por encima de la media y habilidad para segmentar estímulos (ej. Happe, 1999). Algunas personas con Autismo tienen habilidades superiores en áreas discretas como las matemáticas, música o arte (a menudo referidos como islotes de habilidad).

El Autismo es un trastorno del espectro, ahora más comúnmente referido a los Trastornos del Espectro Autista (TEA). Esto significa que existe una gran variedad de grados de severidad en el Autismo. Algunas personas con TEA son altamente verbales y conversadoras mientras otras pueden no utilizar ninguna forma verbal de comunicación. Análogamente, algunas personas con TEA carecen de la capacidad para la interacción social mientras otras tienen familias y trabajos. Personas con TEA puntúan a lo largo de un amplio rango de coeficiente intelectual.

Tradicionalmente se pensó que el TEA es un trastorno psicológico o del comportamiento. Recientemente algunos teóricos han asumido que pudo haber sido causado por la carencia emocional de los padres (“madres frízer” Bettelheim, 1967). Esta idea fue desacreditada hace ya un buen tiempo. El diagnóstico del TEA aún está basado en la observación del comportamiento. Actualmente no hay estudio genético, químico o neurológico para el Autismo; aunque todos estos tests han mostrado ser instrumentos útiles en lo que se refiere a la etiología del trastorno. Existe ahora mucha evidencia de que es un trastorno principalmente neurobiológico. Eso significa que las características sociales, comunicativas y los comportamientos repetitivos de cada trastorno son diagnosticados como las consecuencias del desarrollo del cerebro que está fundamentalmente cableado y organizado de manera diferente (Baron-Cohen, 2005). Sin embargo, hasta la fecha, no hay claridad en cuanto a una causa acordada sobre el Autismo. En consecuencia los métodos de tratamiento pueden variar ampliamente.



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